“Pole pole.
Tal vez sea ir despacio.
No querer correr.
Todo pasa.
Cuida los tiempos amigo mío, los tiempos.
Long live.”
Apuntaba a mi vuelta del continente africano; después de la vivencia.
Aunque ya había viajado antes a Marruecos, este viaje era diferente. Tanzania despertaba en mí muchas más dudas, muchos más miedos. No era lo mismo.
Y, sin embargo, ha sido —sin ninguna duda— un viaje que ha superado todas mis expectativas.
No me cansaré de hablar del crecimiento personal que me ha aportado. Ningún otro viaje me ha llevado tan lejos a nivel humano y emocional. Tanzania no solo se visita: se siente, se aprende y se queda contigo, contribuyendo a realizar cambios en tu forma de ver y entender la vida.
Por todo ello, decidí aportar mi granito de arena a una comunidad que nos acogió con los brazos abiertos y de la que recibimos muchísimo más de lo que dimos. Un porcentaje del precio de la expedición se destina a apoyar a colegios locales: compra de material escolar, libros, juegos, pelotas y recursos educativos básicos.
El último día visitamos uno de estos colegios para entregar la ayuda en forma de material educativo. Es un momento especialmente significativo, porque permite vivir en primera persona las diferencias, comprender otras realidades y tomar conciencia de cómo también podemos colaborar de manera personal y directa.
Sin duda, una experiencia que no deja indiferente a nadie.
Además, me gustaría adelantar que pronto anunciaré en un nuevo artículo un proyecto educativo que tenemos en mente, desarrollado junto a nuestro guía local del Kilimanjaro. Un proyecto que nace del respeto, la colaboración y las ganas de devolver parte de todo lo aprendido.
Comparte con BANANA nuestra forma de entender el viaje.
“Bistare, Bistare”, que significa: “Sin prisas, con calma, porque todo llega.”
